Primeros días de clase


Ya comenzaron las clases,  aunque con el parón de Semana Santa, todavía no he podido conseguir la necesaria disciplina de estudio para poder llegar a alguna parte (se entiende que buena).

Nos reunieron a todos los opositores en el salón de actos de la academia para distribuir las clases de los sábados por la mañana. Y me decidí por el aula número 5 (no hagáis chistes), donde nos reunimos con nuestro profesor, todo un valiente, teniendo en consideración que le había tocado un alumnado con experiencia de las anteriores oposiciones,  resabido y un poco desengañado. Solamente una persona era nueva en estas lides de opositar a Correos. Pobrecilla.

Sin embargo, la clase se desarrolló de manera muy distendida, y cuando nos quisimos dar cuenta ya habían transcurrido las cuatro horas, con el consabido recreo a eso de las doce. Le prometimos a la chica nueva pasarle los exámenes de la anterior convocatoria, y se quedó tan contenta.

Y vuelta con el tema 1 y los productos de Correos como la carta ordinaria: todo envío cerrado, cuyo contenido no se conozca ni pueda conocerse… Manda truco. Otra vez con la misma cantinela de cartas, burofaxes, notificaciones  de la Agencia Tributaria, e historias parecidas.

Bueno, pues al lío.

Me he propuesto ir con frecuencia a las bibliotecas y salas de estudio de los contornos. Espero que mis visitas sean menos frustrantes que la que os relaté en una de mis entradas, no me líe con tonterías, y ponga los codos sobre la mesa.

Quizás no debería tomarme con tanta ansiedad la vuelta a las clases, e ir poco a poco. Para estudiar me he propuesto empezar con una jornada de dos o tres horas al día, para ir aumentando paulatinamente. No es mucho, pero todavía estamos comenzando con la materia, y quiero llevar las cosas al día, lo cual ya es bastante para mí.

Mientras, transcurren los días festivos con lentitud, ya que este año no he podido organizar ninguna escapadita, como me hubiera gustado. Pero no hay mal que por bien no venga. Aquí en Galicia estamos teniendo un tiempo bastante bueno, mientras que más al sur, la meteorología hace de las suyas.

De modo que, voy a aprovechar que hace una tarde estupenda y dar una vuelta. No todo van a ser temas y tests.

“La espada y la semilla”

“LA ESPADA Y LA SEMILLA”,  JORDI NOGUÉS, lectura por cortesía de Edición Anticipada.

Todo hecho histórico relacionado con la Reconquista de nuestro país a los musulmanes, resulta realmente fascinante. Como poco a poco, y durante ocho siglos, logramos recuperar el territorio ocupado por el Islam, que llegó hasta los reductos más alejados del norte, de lo que era la debilitada España visigoda.

La acción de esta obra, dotada de gran rigor a la hora de exponer la Historia de aquellos tiempos, se centra en un territorio en concreto, la llamada Cataluña Nueva.  Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona, había logrado arrebatar  de manos sarracenas la ciudad de Lleida, lo que provocó la llegada de cristianos para repoblar las tierras recuperadas, hacia el año 1150 de nuestra era.

Una avanzadilla  de monjes cistercienses franceses, acompañados por una brigada militar protectora comandada por el caballero normando Gilabert, después de no pocas vicisitudes, logra llegar al “hortus populi”,  Poblet para los pocos lugareños de la zona. Una ubicación perfecta para el nuevo convento, que empezarán a construir desde la nada. Esteban, joven sacerdote, será testigo de todas las alegrías y desdichas que se sucederán  al acometer semejante tarea. Su mayor anhelo, además del de recibir la gracia divina, que encontrará en la Naturaleza, es poder contemplar acabada la Iglesia conventual.

Sin embargo, no todo son rezos y trabajos píos, ya que los nobles vecinos, Ramón y Ponce de Cervera, no están de acuerdo con el asentamiento del Císter. Harán lo imposible para expulsar a los monjes.

Es aquí donde la vida de Esteban se va a ver alterada por la hija de uno de ellos, Gaya, que por su condición de mujer, y además de la nobleza, va a sufrir una serie de ataques e injusticias totalmente insoportables. Esteban tratará de ayudarla en la medida que le sea posible, además de asegurar la construcción definitiva del convento, frente a las dificultades que se presenten.

Las vidas de todos los estamentos, nobles, clérigos y pueblo llano, se entrecruzarán, para sumergirnos de lleno en una historia brillante, a la par que rigurosa, en hitos históricos y costumbres de la época.

“EXPUESTOS”


En la era de internet y de las redes sociales, toda nuestra vida se ve expuesta frente a los demás. El mundo ha cambiado mucho en poco tiempo, pero no todos los resultados de esta exposición son negativos.

Desde un punto de vista individual, dejamos de ser meros targets u objetivos, dejamos de ser únicamente entes pasivos a los que taladran con determinada información o publicidad, como cuando sucedía no hace tanto con la televisión, para empoderarnos y ser partícipes, emisores y receptores a la vez, a la hora de comunicarnos.

Desde un punto de vista empresarial, se hacen imprescindibles un fin común, o propósito compartido y la transparencia a la hora de operar en los mercados. Así, empresas como Red Bull, une a todos aquellos deportistas y jóvenes, que en un momento determinado necesitan de una bebida energizante. Si esta empresa, pretendiera vender su bebida como un mero refresco, apto para satisfacer la sed, y obviara toda claridad y toda transparencia en su mensaje, se vería abocada al cierre. Todos sabemos del éxito de esta marca en concreto. Actuar de manera contraria sería un fracaso.

De igual modo, se puede presentar un caso de que un solo individuo, ponga en jaque a toda una poderosa multinacional. Como cuando una clienta norteamericana, consideró que una comisión de 5 dólares a su tarjeta de crédito, era abusiva, teniendo en cuenta que el todopoderoso banco había sido rescatado durante la reciente crisis económica mediante fondos públicos. Esta joven, consiguió reunir tal cantidad de firmas a través de internet, fue tal el apoyo recibido, que la entidad bancaria se vio obligada a retractarse y retirar dicha comisión.

Estos son unos pocos de los ejemplos, que nos relata en “Expuestos”, su autor, Sergio Roitberg.

Al empezar a leer, me asusté un poco, no solamente porque se citan muchos autores de renombre y parece que el libro sea una pura referencia, y no una obra en sí, sino porque nos anuncia que en muy pocos años habrá cambios exponenciales en la vida que conocemos. Afortunadamente, el autor se va relajando y encontrándose más en su salsa, pone más ejemplos y alude menos a otros estudiosos del tema.

Respecto a los cambios exponenciales, son realmente inevitables, desde los automóviles sin conductor y de consumo eléctrico, a los avances científicos en medicina. Todo se ve desde un punto de vista positivo. Demasiado.

Hay un aspecto en concreto con el que disiento con el Sr. Roitberg, y es respecto al sistema de enseñanza. Él afirma que de no adecuarse éste a las nuevas tecnologías, provocará en el alumnado mayor número de casos de déficit de atención y de hiperactividad. Desde luego es necesario dotar a las escuelas e institutos de las TICs, no se debe dar la espalda al mundo que nos rodea, pero sigo pensando que un equilibrio entre los métodos, digamos clásicos, y los actuales es imprescindible. La tablet en el colegio puede ser necesaria, pero aún lo es más el papel y lápiz. No sé qué opináis vosotros.

Os animo a que emprendáis el camino de esta lectura, que me ha resultado de lo más interesante. Desde luego, me ha hecho pensar.

Una tarde en la biblioteca

Me decidí a acercarme a la biblioteca más próxima, por aquello de ir mirando algo de materia, sin dejarme las pestañas en ello; solamente para ir comenzando poco a poco a recuperar el hábito de estudio, que, después de unos meses  de estar inactiva, es normal que se pierda.

Pero recuperar, lo que se dice recuperar, no recuperé mucho esta tarde en la biblioteca.

Mis deseos de emplear bien mi tiempo, no se cumplieron del todo. Para empezar, estaba súper-incómoda: un calor sofocante, y yo vistiendo jersey negro, fino, eso sí, y con unos coloretes en las mejillas que envidiaría Heidi.  La silla me quedaba estrecha, era de plástico y chirriaba  al revolverme en ella. Galicia calidade.

Hice un pequeño inciso, cuando empecé a notar un olorcillo sospechoso del chico de la mesa de al lado, que correspondía a sus calcetines, o entiéndase, a sus pies, debido a que había decidido sacarlos a paseo del calzado, supongo que para refrescarlos. Afortunadamente, debió de ser solamente un momento de solaz, ya que los volvió a meter en los zapatos rápidamente, para alegría y alivio de los circundantes. Pero ya me había levantado, y me dirigí decidida al puesto de préstamo.

En un momento de debilidad, pedí a la bibliotecaria un libro de Manuel Rivas, “Todo es silencio”,  supongo que me traicionaba el subconsciente, ya que en el recinto reinaba de todo menos la calma. Unos hablando con otros, en murmullos, pero molestaban igual, y otros discutiendo porque uno le había reservado el sitio a la novia, mientras que el otro no tenía donde  sentarse. Al final cambié de opinión, y solicité en préstamo “El gran inquisidor”, libro de Ediciones Taurus,  que no es otra cosa que un extracto de “Los hermanos Karamazov”, donde Dostoievski  se acuerda de María Santísima.  No estoy yo para estas profundidades,  y estas faltas de respeto al personal, mejor lo devuelvo, y así hice.

Volví nuevamente al “Book de productos”, de Correos, con poco convencimiento.

Una señora mayor (más que servidora), sentada enfrente, me pide que le cuide el bolso mientras va al baño. Protesto, pero no me hace ni caso y enfila hacia el W.C. Y tarda media hora. Qué agobio. Cuando vuelve, decido disculparla ya que estaba consultando un libro de arte sobre Velázquez.

Después de hora y media de sesudo estudio, me recojo los bártulos y me voy a casa. Vaya plan.

Labor omnia fatigat

“LABOR OMNIA FATIGAT”

Un lema acertado.         

Llevo ya dos años preparando oposiciones,  y lo cierto es, que por ahora lo único que he logrado es cansarme en grado sumo, de estudiar y de pasar nervios.

También es verdad, que no se trata de las típicas oposiciones hueso, a notarías, o algo así. Ni llevo muchísimo tiempo estudiando, solamente dos añitos (no dos lustros), pero no dejo de sentirme descorazonada al ver como consiguen empleo y plaza, aquellos que han tenido la suerte de tener más sangre fría en el examen, y sobre todo más puntos, por haber sido llamados para las bolsas de empleo (a mí no me llama ni el Tato).

Opositando a Correos, sí, pero no te confundas, es una convocatoria de consolidación de empleo, hay que tener muchos aciertos para acceder al aprobado sin antigüedad.  Pasar la nota de corte, la pasas, pero conseguir un puesto,…  es harina de otro costal.

Así que, me veo abocada a seguir en la brecha, ahora mismo con menos empuje que en los inicios, pero el que sigue, – supongo – la consigue.

Y todo por conseguir un trabajo estable. Ya tengo una edad, y la mejor solución es opositar o convertirte en autónoma, pero para eso hay que tener una idea de negocio. Y muchos bemoles.

De modo que empiezo a repasar en serio en abril, y me he apuntado a unas clases, más que nada por hacerme con un buen material, y despreocuparme por ese lado. Estoy deseando que empiecen las clases, a ver cómo es el/la profe. Ya me veo en el aula, llena de opositores  con ganas de morder al de al lado. Además, intuyo que las lecciones van a ser muy densas, ya que se prevé que convoquen después del verano, y el examen se celebre entre los meses de octubre y noviembre. Queda poco tiempo de margen.

Con lo feliz que sería yo, con un puestecillo en clasificación o atención al cliente. Ya lo creo. Ya te digo.

Pero hay que esforzarse para conseguir un buen resultado, y reconozco que no he puesto todo de mi parte, que podía haber hecho más. O por lo menos, esa es la sensación que me ha quedado.

También el factor suerte puede tener su importancia, y yo, por desgracia, me considero un poco gafe. ¿Por qué gafe? Hay que serlo, para presentarse en una provincia donde en una de las aulas en la se hacía la prueba, tuvieron que repetir el examen. Sí, sí, se repitió para algunos opositores, por el escándalo al faltar control suficiente por la organización y hubo gente con móvil y copiando. El segundo examen fue más fácil, a mi entender, y  tuvieron más tiempo para estudiar. Así que aprobaron los apellidos en A y B en tropel. En mi provincia.

Qué mal fario. Yo no pude repetir el examen. No me parece justo, que el nivel de dificultad fuera más bajo. Tampoco digo que se lo pusieran más difícil, pero bueno.

En fin, os voy a deleitar con un diario pormenorizado de mis vivencias preparándome para la prueba. Porque espero que mi experiencia os pueda servir para tomaros las cosas con más calma, y sobre todo con más humor.

Muchos besitos y gracias por atenderme. Prometo seguir informando. Saludos.